jueves, 9 de noviembre de 2017

Más allá de la realidad IV

 IV

—Siempre quise ser militar. Los veía por la televisión como héroes y quería ser como ellos. El día que me uní mi padre me abrazó orgulloso, pero mi madre ni me miró. Siempre habíamos chocado en muchas cosas y no le gustó saber que su único hijo no continuaría estudiando en la universidad para irse al infierno, que era como ella lo veía.

>> Desde pequeño tuve buena complexión y se me dieron bien los deportes, por lo que no me quedé atrás en los entrenamientos. Con el tiempo, vieron que mis conocimientos en medicina eran útiles así que me destinaron a curar a los heridos.

>> Al principio fue duro pero me hice a la situación y ayudé a mucha gente. En un día que salimos algunos compañeros, se produjo una pelea entre un padre, una mujer extranjera y un niño. Nos acercamos y el padre se llevó al hijo cogido por el brazo. La mujer extranjera comenzó a escupir palabras en otro idioma. Por lo poco que habíamos oído, creímos que el chaval había robado algo de comida y el padre le estaba echando una reprimenda. Ella intentaba calmar la situación, pero para el padre el acto de su hijo había sido una ofensa.

>>— ¿Estás bien?—le pregunté. Al girarse, suspiró y negó con la cabeza.

>>—El niño quería llevarse algo a la boca tras días sin comer. Pero aquí vale más el honor y la reputación que el bienestar de la familia. No, no estoy bien.

>>La mujer se marchó y los compañeros tardaron unos segundos en espabilarme. Las historias de amor no son cuentos de hadas, pero yo me di cuenta de que ella era especial. Solo me bastaron unos minutos para quedarme prendado de esa dedicación y entereza. Supe por mis superiores que las autoridades internacionales habían mandado profesores de diversos países a aquella zona para ayudar a que los niños tuvieron una segunda oportunidad.

>> No supe nada más de ella hasta unos días después. Yo no podía quitármela de la cabeza y la dibujé en mi cuaderno. Cuando la volví a ver, fue en el campamento por la noche. Resultaba que estábamos más cerca de lo que me imaginaba, pero no nos habíamos visto hasta el momento. Estaba con mis compañeros cuando se acercó con su bandeja con dos compañeras.

>>— Creo que te hablé mal el otro día y no era mi intención.

>>— No tiene que pedirme disculpas.

>>— Pero si quiero pedírtelas.

>>—Perdonad—en mitad de la conversación nos habíamos olvidado de nuestros compañeros—. Vuestra conversación es aburrida y no queremos saber quién más o menos culpa. ¿Qué os parece si nos vamos nosotros cuatros y vosotros dos os quedáis?—las dos amigas asintieron riendo y antes de que dijéramos algo, se marcharon entre cuchicheos y murmuraciones.

>>—No tienen remedio—dije mientras reíamos cómo desaparecían. Ella se rio y probó de su cena—. Me llamo Geoffrey.

>>—Gloria.

>>—Por tu modo de expresarte en inglés me figuro que eres extranjera.

>>—De algún modo todos los somos aquí.

>>—No quería decir lo contrario, solamente que no conozco a mucha gente de otros países, salvo lo que veo aquí.

>>—Soy de España. Me licencié en Traducción e Interpretación. Pensaba que mi futuro era estar metida entre cuatro paredes, pero desde que vi en mi casa las guerras que se producían, no lo dudé y desde entonces me uní a las autoridades internacionales en ayuda humanitaria. ¿Y tú?

>>Le conté cómo llegué hasta aquel lugar. Ella también se conmovió. En el fondo, no era tan emocionante como la suya, pero ella vio también algo en mis motivos para embarcarme. Con el tiempo descubrí su capacidad de ver algo poético en la gente.

>>Antes de que me diera cuenta, mi destino ya estaba unido al de ella. Tras seis meses de destino, formalizamos nuestra relación. Recuerdo cuando los padres de ambos nos vieron cogidos del brazo unos años más tarde en nuestra boda. La felicidad los desbordó, aunque no se podía comparar con la nuestra. Nuestra familia se vio colmada de gozo cuando nació nuestro único hijo. Pero nosotros no éramos personas sedentarias, con lo que siempre estábamos fuera ayudando, aunque con el tiempo y con un hijo decidimos alternarnos. Cuando no era ella la que estaba fuera, era yo.

>>Siempre estábamos con el miedo a que ninguno volviera de su destino, pero volvíamos y estábamos juntos. Cuando nuestro hijo alcanzó la adolescencia, decidimos parar y ser una familia a tiempo completa. Jamás pensé que sería esta ciudad el origen de mis desgracias.

>>Gloria, yo y nuestro hijos nos mudamos al piso de al lado. Podíamos permitírnoslo y ya has visto que las vistas son impresionantes. Una noche nos preparamos los tres para asistir a una gala benéfica de las autoridades internacionales. Yo llegué tardé a casa, por lo que ellos se adelantaron y fueron antes que yo. Todos los días pienso por qué no me adelanté y fui con ellos; porqué aquel coche no vio las señales, despiste que provocó aquel accidente que los mató a todos en el momento.

>>Al haber sido militar, había visto el infierno, pero no era nada en comparación con los días siguientes a aquellos. Todo mi mundo se había venido abajo. Ya no me quedaba nada. En aquellos días, solo salía para comparar comida. Lo que ocurriera en el exterior no era de mi incumbencia. Y fue en aquellos días, cuando descubrí que el piso de al lado, donde estamos tú y yo ahora, había sido comprado. Recuerdo las cajas por el suelo, hombres entrando y saliendo con los muebles.

>>—Siento mucho todo este desorden—Alexander salió de la casa sujetando una caja. Me tendió una mano, pero yo no le devolví el gesto. Entonces Alex se quedó quieto, por unos segundos. Yo no le di importancia. Sacudió la cabeza y recuperó la sonrisa. Sabía quién era él porque mi hijo admiraba al grupo.

>> Cerré la puerta de mi casa. Tiempo después me comentó que se había quedado en la puerta unos segundos hasta que entró en su casa. En el mejor de los casos siempre hace lo mismo cuando tiene una premonición: tras la sacudida, reacciona pero no se mueve hasta pasados unos momentos. En los siguientes días, el trasiego de gente disminuyó pensé que al tratarse de una estrella de la música, montaría fiestas hasta la madrugada, pero al final fue nada eso. Se marchaba por las mañanas a ensayar y regresaba por la tarde noche y las pocas veces que me veía me saludaba con una sonrisa inocente. Yo, por mi parte, me hundía en un pozo sin fondo y tomé una solución. Si la vida me había quitado lo que más quería, solamente quedaba unirme a ellos.

>> Recuerdo aquella noche ahora mismo. Alexander tocó mi puerta, pero no le abrí. Simplemente quería dejar este mundo y volver a verlos a ellos. Cuando salté de la silla, noté un dolor asfixiante en la garganta producido por la fuerza de la cuerda sobre mi cuello. Poco a poco los ojos se me iban cerrando, pero recuerdo perfectamente cómo Alexander tiró la puerta abajo y sujetó mi cuerpo.

>>— He llegado a tiempo—Alexander me dejó en el sofá y cogió las cuerdas. Yo estaba medio dormido medio confuso por el suicidio hasta que me di cuenta de lo que había hecho—. >> Bebe—me dio un vaso de agua, inclinándolo para que el agua entrara por la boca. Poco a poco noté cómo el sueño me envolvía y me quedé dormido.

>>Desperté el día siguiente con las luces del sol. Alexander estaba a un lado con un café y un libro.

>>—Buenos días—dijo levantando la taza.

>>— ¿Por qué los has hecho?—eché la vista al techo. No tenía fuerzas ni para gritarle por qué había parado mi suicidio.

>>—No me creerías si te lo contara— Alexander me miraba con toda pureza e inocencia. Casi parecía que mi hijo estaba delante mirándome. Cuando me contó que había tenido la visión de mi suicidio en el momento en el que nos conocimos, pensé que me estaba tomando el pelo. Me hizo una descripción detallada de todo lo que ocurriría ese día, incluida la visita de mis padres. Pensé que todo eso era una locura hasta que sucedió.

>> Al caer la noche, se presentó de nuevo en mi casa y me contó lo que sintió al verme en su visión, el día que nos conocimos, colgado del techo. No me quedó más remedio que creerle porque uno a uno los pasos que hice para matarme. Por lo tanto, acepté la realidad.

>>—Pero lo que no sé es por qué lo has querido hacer—cerré los ojos y lo medité unos segundos hasta que se lo conté todo.

>>—Tu mujer y tu hijo no habrían querido que acabaras así. Ellos habrían querido que fueras feliz.


—Desde aquel momento mi vida no volvió a ser la misma ni la de Alexander. Muchas noches tocaba a mi puerta llorando porque las visiones no lo dejaban dormir. El artista carismático y jovial que todo el mundo conoce es muy distinto al chico asustado que vive en esta casa. Ahí me di cuenta de que si la vida me había quitado una familia, me estaba dando otra a la que proteger. Siempre he estado con Alex, ayudándolo en todo. Pero tú todo eso lo debes saber ya porque te habrás metido en mi cabeza.

—Con el tiempo he aprendido a no entrar donde no me llaman—dijo Selene.

—Bueno, ahora ya sabes quién soy yo.

—Pero hay algo que no entiendo. Si vio en su premonición que te ibas a colgar, ¿por qué no te paró antes?

—Porque el futuro no se puede cambiar—Alexander entró por la puerta. Dejó el casco de la moto en el recibidor—. No quería interrumpir la historia, así que he escuchado tras la puerta—puso las bolsas con comida asiática sobre la mesa que había entre los dos.

—Tú sales más tarde. ¿Qué ha ocurrido?—Geoffrey le hizo espacio en el cómodo sofá.

—Hoy tocaba perfilar algunas cosas. Hemos terminado pronto. Ella te lo puede confirmar—señaló a Selene.

Ella suspiró y asintió. Cogió un bote de comida y metió los palillos.

—Creía que no te metías donde no te llamaran.

—De vez en cuando miro por algunas grietas en la mente de las personas. Pero tranquilo, a ti no te he leído la mente ni he mirado en tus recuerdos. Lo que me lleva a la pregunta que he hecho hace un momento: podrías haberlo parado antes de que se colgara.

Alexander cogió su bote y se acomodó en el sofá.

—Siempre que he querido parar algo que he visto en mis visiones, al final la visión se ha cumplido. Daba igual lo que hiciera, el futuro sigue su curso y todo se acaba cumpliendo. En el caso de Geoffrey, pude actuar después del momento de la visión, no antes.

Selene alucinó con lo que le decía. 


Otras partes: IIIII
He retomado esta historia que estaba un poco olvidada y eso no puede ser :P