viernes, 9 de junio de 2017

Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha



Finalmente llegamos a esta última parte dedicada a la gran obra de este autor. Tres artículos es quedarse corto ante todo lo que supone su repertorio literario. Incluso a veces pienso que se podría crear una disciplina sobre la propia “disciplina” que se ha creado en torno al autor, el Cervantismo.
Dicho esto, ¡allá vamos!


En 1605 se publicó El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y, diez años después, salió la segunda parte, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. Para mediados del siglo, todas las lenguas con cultura literaria del mundo habían traducido la obra.
El éxito de la obra en 1605 fue enorme hasta el punto de que se hacían pequeñas representaciones. La idea principal con la que hay que partir a la hora de adentrarnos en él es que se trata de una parodia de los libros de caballerías que habían copado todo el siglo XVI. Llegó un punto en que la calidad de estos libros no era muy buena, pero eso no importaba. Cervantes, posiblemente, no sería ajeno a este tipo de literatura y lo tomó como base o uno de los muchos materiales de los que partir a la hora de escribir.

El prototipo de personaje de los libros de caballería era el siguiente: caballero joven y galán que tenía que luchar contra monstruos y dragones, brujos y encantamiento para liberar a su amada, teniendo como escenario de fondo lugares exóticos. En contraste con esto, desde un principio Cervantes impregna realidad y verosimilitud a sus obras y en el Quijote no iba a ser menos, creando un personaje totalmente distinto: viejo, pobre, perteneciente al rango más bajo de la nobleza y que se vuelve loco nada más leer libros de caballerías.


A partir de vuelta de tuerca, Cervantes crea todo un mundo, un universo y si tuviéramos que acercarnos a él, un primer paso sería acercarnos a la posible génesis que le llevó a escribir la obra. Acabo de decir que la principal idea, aquella que es más diáfana ante la obra es la parodia, pero ahora estoy refiriéndome más bien a la forma. ¿Pudo ser la historia de Don Quijote una novela ejemplar en su origen? ¿Vio Cervantes en ella el suficiente material como para alargarla hasta convertirla en una novela de dos partes? Por un lado, tenemos los autores decimonónicos que señalan que pudo ser una historia más bien corta debido a los seis primeros capítulos, puesto que se presenta como una estructura cerrada, es decir, en ellos se relata la primera salida de Don Quijote y su vuelta, derrotado. Incluso se señala como posible fuente argumental el Entremés de los Romances:

  1. Trata la historia del labrador Bartolo que, enloquecido por la lectura de romances, abandona su casa decidido a imitar las hazañas de los héroes del Romancero.
  2. En los seis primeros capítulos, Don Quijote imagina ser Valdovinos, recita los mismos versos que el labrador Bartolo y toma por el Marqués de Mantua al vecino que lo recoge. Su desdoblamiento de personalidad continúa con personajes del Romancero, imaginando ser el moro Abindarráez y creyendo que su auxiliador es el alcalde Rodrigo de Narváez.
Cervantes pudo ver en esta historia muchas posibilidades, de ahí que decidiera alargarla hasta los 52 capítulos en la primera parte.

Por otro lado, tenemos las teorías que sustentan que la concepción de la obra sí que pasaba por ser una historia larga desde el principio: la circularidad de los seis primeros capítulos anticipa una estructura circular en las siguientes dos salidas. Sancho Panza no aparece en la primera salida, pero sí en la segunda; y en referencia a las relaciones sintácticas entre finales y comienzos no son exclusivos de la primera salida. A lo largo de la novela, hay recursos de dinamismo y suspensión de la intriga.

Un rasgo muy interesante es la cuestión del narrador pues en la obra se manejan tres niveles de narración que en la segunda parte se irán enriqueciendo. El propio Cervantes aparece como personaje y como narrador, pero tenemos también a Cide Hamete Benengeli y el árabe al que recurre el propio Cervantes como personaje para que le traduzca los manuscritos. Me explico.

Él mismo entra en la historia y a la vez aparecerán toda una sarta de narradores para contar la historia, sobre todo a partir del capítulo IX, que se podría ver como un intermedio de la historia del Quijote. El resto de narradores son los antes mencionados. Esto es una parodia de los libros de caballerías: la diferencia es que en estos los que hallan los manuscritos son sabios encantadores de la antigüedad y en el caso de la parodia, no hablamos de un manuscrito hallado por un sabio, sino el historiador moro, primer autor; el morisco toledano, primer traductor y el propio Cervantes que descubre el manuscrito de Cide y le pide al traductor moro que lo traduzca. A continuación, expongo algunos fragmentos para entenderlo: 

"Dejamos en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientes, tales, que si en lleno se acertaban, por lo menos, se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada […]. Causóme esto mucha pesadumbre, porque el gusto de haber leído tan poco se volvía en disgusto, de pensar el mal camino que se ofrecía para hallar lo mucho que, a mi parecer, faltaba de tan sabroso cuento. 
Parecióme cosa imposible y fuera de toda buena costumbre que a tan buen caballero le hubiese faltado algún sabio que tomara a cargo el escrebir sus nunca vistas hazañas, cosa que no faltó a ninguno de los caballeros andantes, de los que dicen las gentes que van a sus aventuras, porque cada uno dellos tenía uno o dos sabios, como de molde, que no solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos pensamientos y niñerías, por más escondidas que fuesen […] Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. 
Y puesto que aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese, y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y leyendo un poco en él, se comenzó a reír. Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese y él, sin dejar la risa, dijo: […] Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. 
Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con mucha brevedad; pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere". (1)

En la segunda parte, no solo tenemos a estos tres narradores, sino que tanto el apócrifo del Quijote, publicado bajo el pseudónimo Alonso Fernández de Avellaneda, como la propia voz que se le da a los receptores de la obra ejercen su influencia.

El siguiente aspecto que conforma el centro de este artículo es el contenido de la obra en sí. Toda la época de Cervantes desfila por la obra: un cuadro en el aparecen retratados más de 700 personajes a todos los estamentos sociales. Es una sociedad convulsa, llena de conflictos. La nobleza es el estamento de más alto rango que aparece y su comportamiento no es modélico. En contraposición a ella, está el estamento de los hidalgos con Alonso Quijano a la cabeza, un hombre común que pasa penalidades.

Se convierte en caballero andante para restaurar la paz en el mundo, siendo esto un rasgo de utopía. Alonso Quijano se transforma en Don Quijote y se adueña de su destino literario independientemente de sus tres narradores. Ante sus narradores, mantiene su estado como personaje. Solo antes de su muerte volverá ser aquel hidalgo manchego “a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno”. Es un hombre que cumplirá con los principios de la caballería, es decir, dentro de su locura. Aquí hay un punto muy importante aportado por los críticos de las últimas generaciones. Don Quijote en realidad no muere. Pervive como personaje literario, pero en el fondo Alonso Quijano tampoco muere ya que es un trasunto de Don Quijote.

Otros personajes del espectro sociológico de la obra son los escuderos o aquellos que pertenecen o a la Iglesia, el mar o casa real. En referencia a los escuderos, Sancho Panza representa el opuesto que a la vez es el complementario de su amo, Don Quijote: Sancho Panza es materialista y don Quijote es idealista pero a lo largo de la obra, se subraya el acercamiento recíproco de ambos, representando la complejidad del ser humano.

No hay que olvidar los conflictos históricos de la época del autor que desfilan por la obra: la limpieza de sangre, las guerras del siglo XVI y XVII como la guerra contra el turco, la expulsión de los judíos, el bandolerismo…

Asimismo, el amor es un tema omnipresente en la obra. La condición de enamorado en el estado más puro la tiene el propio don Quijote, siendo un amor caballeresco, del amor cortés. Cuanto mayor es el vasallaje a su señora, mayor son las virtudes del caballero.
Otra cuestión que ha creado ríos de tinta negra es la recepción de las dos partes. En la segunda parte, el narrador deja constancia de las impresiones que causó la primera parte:

“Es tan clara que no hay cosa que dificultar con ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran y finalmente es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes que a pensar han visto algún rocín flaco que dicen, ¡allí va Rocinante!” (2)

Por lo tanto, en la lectura de la primera parte se establece la comicidad, humor y capacidad de entretenimiento. Pero hay en la recepción un punto que sin duda es uno de los mayores atractivos y una de las razones por las que la obra es atemporal y universal: cada lector lleva a cabo su propia lectura en unas circunstancias que no serán las mismas si se lleva a cabo una segunda, tercera o cuarta lectura. En el fondo, se trata de una obra que la creación del “lector” y es que esta obra hace la mayor de las metaliteraturas: promover una lectura que trata sobre el mundo de la lectura puesto que es planteada como algo que forma parte de la vida.

En el siglo XX, ese afán de totalidad de la obra, de universalidad fue entendido por algunas de las grandes plumas de la literatura. Por ello quiero acabar con dos citas que indican la comprensión y alcance de esta obra:


"En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que ésa. Hasta ahora representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los
hombres: «Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella?», podrían los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego: «Ésta es mi conclusión sobre la vida y... ¿podríais condenarme por ella?".
Fiódor Dostoyevski, Diario de un escritor, 1876. (3)


(1) Extraído el fragmento del enlace: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-ingenioso-hidalgo-don-quijote-de-la-mancha--0/html/fef04e52-82b1-11df-acc7-002185ce6064_3.html#I_15_
(2) Extraído el fragmento del enlace: http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap03/cap03_03.htm
(3) Véase el tercer capítulo de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.