miércoles, 25 de noviembre de 2015

Más allá de la realidad III

III

     —¡Mierda!—Alexander apagó el móvil, agobiado. La chica estaba pálida por momentos y tenía que hacer algo y rápido. Movió su cara un poco, incluso le dio unos cachetes para que reaccionara pero no hubo éxito.

Podía llamar a la policía pero entonces tendría que dar explicaciones y eso no le beneficiaba para nada. Volvió a coger su móvil y telefoneó de nuevo a la persona.
Al poco se presentó un hombre alto, fornido, de rostro duro y aguerrido.

—¿Qué ha ocurrido?—el hombre observó a la chica y a la herida que empañaba su piel blanquecina. Con solo una mirada de Alexander, Geoffrey Stewart, militar y gran amigo del cantante, se arrodilló y presionó sobre el trozo de camiseta que había servido de torniquete.

—Es una historia muy larga, Geoffrey. Ayúdame a llevarla a mi casa.

—Tranquilo, Alex. Mi coche no está lejos—cargó a la joven y los dos corrieron al Chevrolet Suburban del militar. Alexander acomodó a la chica en la parte de atrás y se sentó con ella, mientras que Geoffrey se sentó en el asiento del piloto y arrancó.

Geoffrey manejó por las calles nocturnas de Nueva York mientras Alexander observaba a la muchacha. Intentó procesar lo ocurrido en esa noche pero era imposible. Si no hubiera seguido lo dictaminado por su visión, posiblemente estaría en su casa ajeno a todo lo que acababa de ocurrir, pero si lo hubiera hecho ahora la chica estaría tirada en cualquier lugar de la ciudad con algo más que un tiro en el hombro. 

El ex militar observaba al cantante por el retrovisor mientras manejaba. La amistad de ambos se remontaba a la peor época de Geoffrey y Alexander jugó un papel muy importante para él en aquel momento y todo gracias a su capacidad de ver el futuro. Qué ironía. Gracias a su don, Geoffrey podía levantarse cada mañana vivo pero muchas cosas se habían perdido por el camino. A pesar de todo, siempre estaría en deuda con el chico y lo tendría ahí para cualquier cosa.

Al cabo de media hora, el exmilitar paró su Chevrolet en el parking privado del edificio donde vivían los dos.  Con mucho sigilo, Alex con la chica en manos y Geoffrey subieron por el ascensor y llegaron al último piso. Abrieron la puerta del piso del cantante y rápidamente la tendieron en el sofá. El piso de Alexander era un ático grande, con lujosas habitaciones y un impresionante balcón que daba a las vistas más alucinantes de la ciudad.
Cuando depositaron a la joven, que temblaba por momentos, Geoffrey cogió el rumbo de la situación y pidió Alexander que le trajera el instrumental necesario para parar la herida y evitar males mayores. 

Al cabo de unas horas, la joven dejaba de murmurar y entró en un sueño profundo. Tanto el cantante como Geoffrey mostraban un aspecto cansando, sudoroso y sus ropas mostraban en algunas partes sangre. Alexander tapó a la chica y los dos fueron a la cocina. El joven buscó unas toallas del cuarto de baño y se las dio al exmilitar.

—Gracias por haberla salvado—dijo mientras sacaba botellas de agua frescas del frigorífico—. Ni siquiera sé cómo he llegado yo mismo a esta situación.

—Sabes muy bien cómo has llegado a esta situación—se quitó la camiseta manchada y mojó la toalla con el agua del fregadero. Después la pasó por algunas partes de su mano. Se echó un poco de agua a la cara y mojó su corta melena rubia. Cuando terminó se puso de nuevo la camiseta—. Seguro que tuviste una visión en la que aparecía la joven sufriendo un disparo o qué sé yo.

Alexander sonrió y dio un sorbo de la botella de agua.

—Es tarde—Geoffrey miró su reloj y de un trago se bebió la botella de agua—. Si necesitas algo, estoy a dos puertas de esta casa—le dio una palmada en la espalda y salió del domicilio del cantante.

Alexander miró su reloj: la 1:00 de la madrugada.

Terminó de beber la botella y fue directo al cuarto de baño de la primera planta. Se deshizo de la ropa ensangrentada y abrió la llave de la ducha. Dejó que cada gota de agua rozara su piel quitándole todo rastro de sangre y sudor. Pensó en la visión que tuvo en el estudio. La idea básica de la visión se había cumplido: encontrarse con la chica pero los hechos siguientes no los vio. En realidad, cada vez que tenía una visión solo observaba unos instantes o unos minutos de lo que iría a ocurrir en el futuro. 

Cerró la llave y se puso la toalla por la cintura. Tras ponerse cómodo, se sentó en el sillón de la sala principal y observó a la joven hasta que cayó rendido.

.-.-.-.
Selene sintió una brisa de aire. Entreabrió los ojos y observó la mañana de Nueva York. Cuando los abrió un poco más se dio cuenta de que no estaba en su apartamento si es que a eso en lo que vivía se lo podía dar un nombre. Se levantó y notó que había una manta que la tapaba. Al apreciar ese nuevo detalle, observó con más detenimiento la sala.

—¿Dónde estoy?—se preguntó mientras miraba el salón.

—Ya estás despierta—Alexander salió de la cocina con una bandeja llena de alimentos.

La chica al ver tal manjar sintió un rugido voraz en su estómago. Incluso, sintió como le caía la baba—. Come. Hay suficiente para los dos—el chico le dedicó una sonrisa y agarró la taza del café.

Selene no entendía nada de lo que estaba ocurriendo hasta que lo pasado en la noche anterior le vino a la cabeza como un golpe.

—Oh no…—se tocó la cabeza y cerró los ojos—. Yo no debería estar aquí.

—Pero lo estás. Y si recuerdas lo que pasó ayer, deberías saber que un amigo y yo te trajimos sangrando hasta aquí.

Al incorporarse en el sofá, Selene sintió un dolor agudo en su hombro. Gimió ante el dolor y vio que estaba vendado.

—La bala al menos salió de la herida, sino ahora estaría en el hospital—dijo observando la venda.

Alexander paró a medio camino la taza y la miró.

—¿Cómo dices? “¿Cómo sabe lo que estaba pensando?”—la chica lo miró y supo en seguida que había metido la pata, aunque sabía que se hallaba ante alguien como él.

—Lo he supuesto—dijo de manera tajante.

—No me lo creo—Alexander se acercó a ella. Selene sintió esa mirada. Ya la había visto antes. Siempre la miraban así cuando la gente intuía su poder, pero el chico le había salvado la vida y sabía muy bien que él era como ella.

—Ya que más da—agarró una tostada de la bandeja—. Yo soy como tú—el joven alzó la ceja—. Tú ves el futuro y si lo sé, es porque he leído tu mente mientras te tomabas el café.

Alexander no daba crédito a lo que oía. ¿Era como ella? Entonces, la visión que tuvo, ¿era para unirlo con alguien como él? Arrugó en entrecejo y se sentó en el sofá.

—No estoy solo—dijo con un hilo de voz.

—Para nada—dijo la chica mientras degustaba la tostada—. Por cierto, mi nombre es Selene.

—Te diría mi nombre pero seguro que ya lo sabes.

—Más bien sé quién eres por tu profesión—le respondió con un brillo en los ojos. Selene era fan del grupo Black Star. Se refugiaba en la música del grupo cuando el monstruo, como ella lo llamaba, no la molestaba ni la vigilaba ni mucho menos la usaba. Alexander sonrió pero en ese momento sonó su móvil. Era Brandon. Lo descolgó y habló con él.

—Estoy bien… He tenido una noche un poco difícil… ¿El ensayo?... ¿No se puede suspender hasta mañana?...—se resignó ante lo que le decía Brandon—. Está bien. Dame una hora.

—¿Tienes un ensayo muy importante verdad?—preguntó Selene, aunque en el fondo lo sabía por la lectura de mente que había hecho. Alexander asintió—.Creo que es hora de que me vaya—dejó la tostada en la bandeja y se levantó pero el dolor del hombro la mortificó.

—Tú no vas a ningún sitio—se plantó delante de ella y la volvió a echar en el sofá—. Yo tengo que irme. No sé cuánto tardaré. Hay comida en el frigorífico y puedes husmear la casa todo lo que quieras.

Selene se sintió como una niña pequeña ante tales privilegios. Y eso le gustó. Era más de lo que había recibido en su vida.

Alexander se preparó y en diez minutos se plantó en la puerta principal.
—Volveré cuando acabe. No te metas en líos en mi ausencia—le guiñó un ojo y salió por la puerta. Había encontrado a una como él y no la iba a dejar escapar fácilmente.
Selene le sonrió y vio como cerraba la puerta. Suspiró. Nunca se podía imaginar que se hallaría en casa de su cantante favorito, sentada en su sofá y comiendo un desayuno preparado por él. Se tocó la herida del brazo y recordó lo ocurrido en la noche anterior: la rebelión, la huida, lágrimas, libertad… Demasiados sentimientos acumulados hasta que explotaron la noche anterior. Y lo peor de todo es que en su interior se sentía culpable. Si hubiera sido más fuerte años atrás, no habría acabado en la boca del lobo y ahora viviría con su padre humildemente.
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Alexander subió al coche y esperó a arrancar. No estaba solo. La chica era como él. Entonces, ¿habría más como ellos? Sabiendo el hallazgo que acaba de hacer, cogió el móvil y llamó a Geoffrey Stewart. 
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Selene terminó el suculento desayuno y dejó los platos en la cocina. Sentía en su interior que tenía que ser amable con su anfitrión. Sin mucho margen de actuación, deambuló por el ático de Alexander y prestó atención a los detalles. Toque minimalista, muebles negros, blancos y grises a juego con las tonalidades de la pared donde había colgados máscaras antiguas y de muy diversas culturas. No obstante, fueron dos cosas las que le llamaron la atención. Al lado del mueble de la televisión-que era la más grande que había visto en su vida- había una vitrina de cristal y dentro, Selene vio los trofeos y premios ganados por la banda de Alexander. Había visto por la televisión al cuarteto recibiendo los premios y ahora los tenía ahí delante. Eran infinitamente preciosos. Delante de uno de los premios.

Estaban los cuatros agarrados por el cuello entre sí y Alexander sostenía el premio más importante que habían obtenido hasta el momento. Selene sonrió. Se le veía feliz entre sus camaradas y no melancólico y pensativo como lo había visto minutos antes. Se preguntó cómo conseguía llevar al día su don sin que le afectara o quedara expuesto.
La segunda cosa que le llamó la atención fue el gran telescopio que había en el balcón.

Corrió las puertas y salió. Desde tan alto, observó la mañana de la ciudad, los coches circulando, los grandes edificios a su alrededor. Era como si ella tuviera el poder de todo lo que acontecía a su alrededor.

Se acercó al telescopio y se impresionó. Era grande y ancho lo que hizo suponer que sería un último modelo, típico de alguien como Alexander que podía permitirse eso y más. Al lado había una mesa y una tumbona. Sobre la mesa, encontró una libreta. Sintió la curiosidad de abrirla y hojearla pero no lo hizo.

—“Es su intimidad y no puedo verla”—la dejó en la mesa y justo en ese momento, su don la advirtió de que alguien se acercaba a la puerta. Entró rápidamente a la casa y cerró las puertas correderas. Su corazón palpitaba y el dolor de su hombro se acentuó. Podía escuchar los pensamientos de la persona que había al otro lado de la puerta pero no podía adivinar si era amigo o enemigo y tampoco es que tuviera muchos amigos. Se paró en mitad del comedor e intentó descifrar la maraña de palabras que podía escuchar de la persona que estaba al otro lado: “tranquilo”, “vigilancia”, “herida”… La palabra vigilancia la alertó y una idea pasó por su cabeza. ¿Y si era la presa de Alexander?

—“¿Cómo he podido ser tan estúpida y dejarme engatusar?” —pensó.

Entonces escuchó como alguien enroscaba unas llaves en la cerradura y abría la puerta. Selene, decidida, corrió y cogió un jarrón, lo primero que vio. Cuando la persona dio indicios de que ya estaba entrando, Selene aguardó hasta que se lanzó a la cabeza del intruso. Había sido prisionera media vida de un monstruo y ahora no iba a serlo de un desconocido. Cuando se lanzó hacía el hombre, éste con gran agilidad la apartó y agarró el jarrón al vuelo. Ni siquiera se despeinó ante el ataque de la joven. Selene cayó al suelo y el dolor del hombro volvió a pasarle factura.

El hombre que estaba frente a ella la miró sonriendo y Selene se sintió como una estúpida. Llevaba en una mano una bolsa con alimentos y sujetado al hombro un macuto y aun llevando todo eso, había conseguido esquivarla.

—Con el hombro malherido, deberías ir con más cuidado—Geoffrey cerró la puerta de la casa y ayudó a Selene a levantarse—.Antes de que vuelvas a hacer una estupidez, siéntate en el sofá y sé buena chica.

Selene no sintió esa reprimenda como si fuera una amenaza. Escudriñó en lo más profundo de la mente de ese hombre y halló un rastro de tristeza. Y entonces entendió que había sido una riña con un cariz paternal. Pero no solo vio eso sino que llegó a momentos de su mente oscuros y horribles.

—Eres amigo de Alexander. Te llamas Geoffrey Stewart—dijo mientras se sentaba.

—Veo que lo que me dijo Alex sobre tu don es cierto—a medida que dejaba los bártulos en la mesa, Selene enfatizó con ese hombre. Su semblante denotaba que se trataba de una persona amable pero para Selene, las fachadas de las personas eran paredes de papel que ella perfectamente podía romper para descubrir qué cosas encerraba la gente.

—Me llamo Selene—fue lo único que dijo la chica.

—Ya me lo ha dicho Alex. Me ha llamado para que te cuide hasta que él vuelva.
—Perdón por lo de antes. Es que yo…

—Tranquila. Ya tendrás tiempo de dar explicaciones. Ahora, enséñame el hombro.

Geoffrey se acercó a ella con un botiquín. Selene observó la destreza del hombre a medida que observa como le curaba las heridas o las examinaba. No hacía ser telépata para adivinar que el hombre tenía formación médica de la buena.

Selene sonrió y se dio cuenta de que estaba en un error. Alexander estaba ahí para ayudarla y protegerla. Cuando Geoffrey terminó, la chica se relajó y observó al hombre sin saber las cosas que iban a ocurrir esa mañana entre los dos.


OTRAS PARTES:  I II

sábado, 21 de noviembre de 2015

Remodelación 2.0


¡Hola! Para hacer más dinámico el blog, en cada entrada de las historias y reseñas, he puesto al final "OTRAS PARTES" y "OTRAS RESEÑAS", donde se hallan las partes siguientes o anteriores de la propia historia y otras reseñas de interés de la página.

ejemplo:

¡Nos vemos!

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Más allá de la realidad II

 II

Finalmente, dejando deambular sus pensamientos, sus piernas le llevaron a un bar de clase de media de un barrio cercano.

—¡Hey, estrella!, ¿qué tal hoy?

El dueño del bar, un hombre de mediana estatura y calvo, limpiaba una jarra. En el establecimiento, nada más estaban las dos camareras y él. Mucha gente no lo frecuentaba y eso a Alexander le encantaba. Las dos chicas habían intentado muchas veces quedar con él pero éste siempre tenía un plan de antemano. Aunque en realidad, era falso porque él ya sabía que ellas irían a lo mismo.

Su don se lo revelaba días tras días, noche tras noche.

—Ponme lo de siempre—el hombre le abrió una botella y se la sirvió con una jarra.

—¿Qué tal los ensayos? ¿Cuándo saldrá vuestro nuevo CD?

—En junio, si todo va bien. Nuestro manager está contento con los resultados pero es muy exigente—comenzó a beber.

—Eso son tonterías, chico. ¡Sois el grupo de moda!

—Papá—Alexander terminó la bebida de la jarra y se aclaró la garganta—. He vuelto a tener una visión—Alexander se quitó la gorra y miró al hombre que lo había criado.

Éste cruzó la barra y lo guio hasta la parte trasera.

—Chicas, id cerrando-ellas obedecieron y éste guió a su hijo.

Cerró la puerta tras de sí y lo sentó en la silla.

—¿Qué has visto esta vez?

—A una chica corriendo.

—¿Viste algo más?

—Un callejón oscuro y unas luces. Papá las visiones se me van haciendo muy continuas y tengo pesadillas—su voz sonó como un susurro.

—Hijo, tú nunca has escogido ser un clarividente. Eso lo heredaste de tu madre—quiso morderse la lengua pero fue tarde.

Alexander odiaba sacar el tema de su madre. Ella los abandonó a los dos cuando éste no contaba más de dos años. Ella también poseía el poder de la clarividencia y su hijo lo manifestó al poco de los años, pero eso ya eran recuerdos fugaces y efímeros. No la volvió a ver desde entonces y su padre pasó a ser lo más importante de su vida.

—Descansa—le puso su mano en el hombro—. Mañana tendrás un día muy largo.

—¿No me digas que has visto mi futuro?-Alexander consiguió esbozar una sonrisa.

—Soy el padre de una estrella de la música. Sé cómo es su vida.

Alexander asintió y se esfumó entre la luz de la luna que alumbraba los cristales de los escaparates y entre las farolas que tintineaban. Sin darse cuenta, llegó a un barrio de aspecto intimidante con locales y establecimientos de poca confianza. Un humo extraño fue apareciendo entre los callejones y Alexander sintió que unos ojos amarillos brillantes y espeluznantes lo observaban. Creyó que lo seguían.

A decir verdad, desde hacía meses, él lo pensaba. Por las noches en sus largos paseos de pensamiento y meditación, sus sentidos le alertaban de que algo o alguien vigilaba sus pasos.

Torció por la izquierda, intentando alejar cualquier temor de su mente pero dio a parar a un callejón sin salida. Entonces se fijó en cómo estaba decorado el lugar: la oscuridad era perpetua y había un letrero a su izquierda que apenas se mantenía en pie.

Lo vio claro, pero faltaba el ingrediente principal. Pasaban de las once de la noche y él religiosamente se levantaba pronto para correr.

—Esto es una locura—con paso decidido decidió dar media vuelta y volver a su casa. Él sabía que no era un superhéroe y que no tenía que salvar a toda persona que se asomaba por sus visiones. Fue a ponerse su gorra de nuevo, y teniendo un destino caprichoso, sintió como alguien lo empujaba al suelo sucio de ese apestado callejón.

—¡Eh!—gritó. Cuando alzó la vista, vio unos ojos azules de un rostro tan pálido y blanco como la luna—. Eres tú—murmuró el vocalista. Sin dejar de mirarla, ambos se pusieron de pie y la chica miró apurada a todos los lados.

—¿Qué?—la chica frunció el ceño. Entornó los ojos y lo descubrió. Entornó un grito agudo y se tapó la boca.

—¡La chica está allí!—Alexander visualizó a tres hombres saliendo de un garito.

Alexander analizó las posibilidades y enseguida obtuvo la solución. Pero la chica fue más rápida.

—¡Acompáñame! ¡Rápido!—lo agarró por el brazo y ambos corrieron sin parar hasta que salieron de ese barrio y dieron a parar a un parque.

Alexander se sentó en un banco y respiró hondo y profundo. La chica hizo lo mismo. Miró a su alrededor y cuando creyó que ya no los seguían, se dispuso a hablarle:

—¡Eres el cantante de Black Star!—la joven tomó su mano y la apretó con fuerza. No se lo creía. Tenía ante sus ojos su cantante favorito—. Tengo todos tus dis...—Alexander rodó sus ojos.

—Me halagas chica pero me acabo de dar el maratón de mi vida y al menos me gustaría saber quiénes eran esos.

La chica movió la cabeza. Ese tema no le gustaba.

—Creo que debo de irme—la chica sin más, se levantó y hundiendo sus manos en los bolsillos se internó en la calle.

Alexander se quedó con la palabra en la boca. Sin más la joven de su visión se esfumó y ni siquiera sabía su nombre. Sin embargo, escuchó un grito y corrió al origen de ese sonido. Y lo que encontró fue a la chica tirada en el suelo y con un balazo en el hombro. Observó, nervioso, su alrededor, intentando buscar el origen del balazo.

        Oyó un ruido similar al de un rifle y sus sospechas se confirmaron: hubo un impacto en un cristal. Por casi le rozó el brazo y seguro que a la siguiente no iban a fallar.

La chica se desangraba por el hombro y no la podía dejar así. Sin vacilar, la recogió entre sus brazos, agradeciendo que pesara poco, y se enfiló camino de un lugar seguro. Corrió como alma que llevaba el diablo y atravesó un sin fin de callejones oscuros y turbios. A lo lejos se oían los disparos de varias armas que lo apuntaban a él y a su carga.

Se ocultó tras un muro y cuando notó que no había nadie acechándolo, fue directo a un parque alejado de la noche y del gentío de la ciudad. Allí estaría seguro; ese lugar lo frecuentaba mucha gente y a esas alturas los enamorados se dejaban caer en la sombra de los árboles. No se atreverían en medio de tanta gente.

Paró en el césped y extendió a la joven. Jadeaba y la hemorragia parecía haber parado pero no mucho. Rasgó parte de su camiseta y taponó la herida. Después sacó su móvil e hizo una llamada.




Otras partes: I

lunes, 16 de noviembre de 2015

Remodelación



He remodelado el blog para que sea más visual y dinámico y se inaugura la sección "Recomiendo", donde he puesto los banners de blogs de escritura y lectura y se irá ampliando poco a poco. : )

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sábado, 14 de noviembre de 2015

Más allá de la realidad I

¡Hola! Tras dos días de intensa lucha para saber cómo se hace un banner (y creo que ya lo he conseguido), he decidido subir esta historia que empecé para Sttorybox, pero que luego quité.
Antes de empezar, me gustaría mandar mis condolencias a las familias de las víctimas del atentado de París. El mundo está con vosotros.

I

"El futuro está lleno de enigmas y de encrucijadas y aquel que las resuelva tendrá el poder de cambiar lo que está escrito"

—Venga chicos una vez más— Walter estaba al otro lado del espejo con dos hombres más. Dentro de la cabina de audio, había cuatro chicos que no eran absolutamente normales: los Black Star, una revolución auténtica de música sin precedentes. Estaba formado por: Alexander y Sky, los vocalistas, Tom, el pianista, y Brandon, el guitarrista. 
Ellos se habían criado prácticamente juntos. A decir verdad, se veían como hermanos y nada podía separarlos. 

Sky y Alexander se pusieron los cascos y los otros volvieron a situarse con sus instrumentos. Tras la voz suave de Sky, Alexander agarró los casos y prosiguió:

Tus ojos son haces de luz
que iluminan la oscuridad
de mis pensamientos.

De repente, el vocalista se sintió mal. Sus piernas flaquearon y su vista comenzaba a nublarse. Volvía a ocurrir. Su mayor secreto amenazaba de nuevo.
Todos pararon de tocar.

—Tío, ¿qué ocurre?—Brandon, que estaba más cerca, lo sostuvo. El resto también fue a él y Walter entró.

— ¿Qué está pasando aquí?-Walter entró, precipitado.

—N-nada...—murmuró Alexander. Se sacudió el pelo y se incorporó.

—Creo que podríamos dejar el ensayo para mañana—recomendó Brandon.
El jefe asintió, aunque miró a Alexander con desconfianza.

Apagaron los instrumentos. Después fueron a su camerino y Alexander se echó en el sofá.

—Otra vez te ha vuelto a ocurrir, ¿no?—Brandon se apoyó en la mesa y miró a su colega. Sky y Tom estaban en la otra punta jugando al billar.

El camerino contaba con todos las comodidades para los chicos. Poseía un gran ventanal que daba a la ciudad y se podía ver los altos edificios con sus puntas rozando las nubes del cielo.

—Sí—le contestó Alexander.

Brandon, dentro de la banda, era su mejor amigo.

—Tíos, hemos quedado en el Rosa Negra para cenar. ¿Os venís?— preguntó mientras se cambiaba la camiseta.

Aunque los cuatro fuesen muy amigos, había ciertas cosas en las que se diferenciaban: Tom tenía por hobby pintar en el balcón de su ático los atardeceres con su novia. A Brandon se le conocía como el chico de los deportes de riesgo y Sky se vanagloriaba de ser “la imagen” del grupo, ya que siempre salía en las portadas de las revistas y de los anuncios publicitarios, además de ser un asiduo de los y discos más exclusivos de la ciudad.

Y, por último, estaba Alexander. El gran enigma del grupo. No salía con nadie y nunca ofrecía entrevistas. Simplemente se limitaba a componer canciones melancólicas y románticas. Lo más personal que poseía era un secreto que solo Brandon, y dos personas más conocían. Si alguien más se enterara de que podía ver el futuro, lo encerrarían de por vida en un manicomio.

—No, Sky, no voy. He quedado con Nicole—dijo Brandon.

—Desde que estás fuera del mercado, te has vuelto muy aburrido— afirmó Sky. Brandon le asestó un codazo y Tom soltó una carcajada—. Está bien, nos vemos mañana—Sky recogió su chaqueta y su mochila y con la mano se despidió de sus compañeros. Tom hizo lo mismo y ambos salieron del camerino.

Cuando los dos, Brandon y Alexander quedaron a solas, este último suspiró y se llevó las manos a los ojos.

—Si necesitas a alguien para hablar, puedo cancelar la cita con Nicole—sugirió Brandon. Alexander negó con la cabeza y se levantó del sofá.

—Ve con Nicole, os lo merecéis.

—¿Es que acaso nos has visto a ella y a mí en tus visiones?—Brandon se puso colorado.

—No, tranquilo—Alexander negó con la mano—.Simplemente, prefiero pasar el resto del día en casa.


Brandon asintió, pero con gesto preocupado. Alexander era su mejor amigo y había visto los estragos que causaban en él las visiones, incluso en sus días mejores. Ambos anduvieron hasta la salida y tomaron caminos distintos. Alexander observó cómo Brandon desaparecía por la calle con su moto. A veces sentía envidia de él y del resto de la banda. Eran chicos normales, con sus vidas propias, pero él vivía atado a una maldición que ni siquiera sabía por qué tenía. Alexander se puso la gorra y las gafas del sol y echó andar por las calles de la ciudad, absorto en la visión que acababa de tener.
OTRAS PARTES: II






jueves, 5 de noviembre de 2015

¡Más de 1000 visitas!


El blog que fue abierto en junio ha conseguido ya 1015 visitas. ¡Muchas gracias! Supone mucho para mí este avance. :) Espero que más pronto que tarde pueda subir más cosas como reseñas de series y libros e historias frescas y nuevas.
¡Muchas gracias!

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